Concluidos los ciclos de Gielen, Rattle y Chailly se está produciendo un descenso apreciable en el número de novedades mahlerianas que salen a la luz. En la actualidad el ciclo de Tilson Thomas, las entregas de Norrington en Hänsler y las enésimas versiones de Claudio Abbado, quien sigue mostrándose refractario a cualquier tipo de vaivén de la industria discográfica clásica, mantienen un nivel aceptable de actividad. Pero además de este descenso llama la atención como las novedades mahlerianas en la actualidad no sólo se producen a cuentagotas sino que además da la sensación de que las compañías se hubiesen puesto de acuerdo para lanzarlas de forma simultánea en pares de la misma sinfonía, como si intentasen competir entre ellas por los hipotéticos nuevos compradores. Así el lanzamiento de la Octava de Nagano fue prácticamente coincidente con la de Rattle; o la Séptima de Barenboim con la Séptima de Tilson Thomas o la Sexta de Jansons coincidente con la de Ivan Fischer.
Este año ha 2006 ha continuado esta curiosa tendencia, en concreto en la Segunda y así el comprador de una nueva Resurrección podrá elegir entre Pierre Boulez y ésta que aquí nos ocupa de Ivan Fischer con su Orquesta del Festival de Budapest; orquesta fundada por el director húngaro en 1984, época desde la que vienen interpretando las obras mahlerianas especialmente en torno a la Mahlerfest de Budapest.
Sólo el año pasado, veinte después de surgir este proyecto húngaro el sello holandés Channel Classics ha empezado a grabar estas sinfonías mahlerianas. Así a principios del 2005 fue grabada la Sexta y en Septiembre del mismo año, coincidiendo con la Mahlerfest de Budapest, la Segunda. Aparentemente Channel Classics estaría iniciando un ciclo Mahler con Fischer, pero consultando el foro de la propia discográfica los propios portavoces del sello descartan dicha idea.
Sin embargo y dado el éxito de estas dos primeras entregas no sorprendería que hubiese un cambio de planteamiento. Este año ha sido interpretada la Quinta en la citada Mahlerfest con lo que tal vez ésta represente la próxima entrega de este ciclo.
Éxito inicial pues la Sexta ya fue recibida con muy favorables críticas y ahora la Segunda las está incluso separando. "Diapason d’or" y "Recording of the Month" en Gramophone así como magníficas críticas de bienvenida en numerosos periódicos internacionales. Los mahlerianos somos escépticos ante este tipo de galardones, pero en este caso y tras escuchar a fondo la versión puedo decir que nos encontramos ante una Segunda extraordinaria. No sólo un serio candidato al título de mejor grabación mahleriana del año sino también una Segunda de referencia.
Un elemento clave en el éxito de esta grabación es la toma de sonido, extraordinaria, de gran definición de los distintos grupos de instrumentos pero a la vez con un gran realismo. Una grabación que sin dejar de ser natural resulta de grandísimo impacto a la vez. La orquesta de Budapest, como en la Sexta, una vez más al máximo nivel. Solistas de primerísimo nivel y músicos perfectamente compenetrados que llevan este repertorio en su sangre brillan a gran altura.
La cuestión clave es lógicamente cómo aborda Fischer la música de Mahler, y éste es para mi el gran aliciente de esta segunda. Fischer hace un Mahler cerebral y equilibrado que podríamos ubicar más próximo al mundo de Gielen que al de Boulez. Sí, un director objetivista pero en el que prima que prevalezca el espíritu de la partitura. Fischer consigue que las notas cobren vida por si mismas, sin aderezarlas con una inspiración extramusical a lo Sinopoli, o sin incorporar a la partitura su propio ego como nos acostumbra Bernstein. Fischer consigue que la música suene y fluya como si lo hiciese por si sola, sin que su intervención le reste el más mínimo protagonismo. El referente más próximo que se me ocurre es el Mahler de Kubelik pero ante la coherencia y el equilibrio de Fischer, podemos empezar a pensar que el primero ha encontrado un digno heredero.
La sinfonía se inicia con un tremolo glacial grabado con un realismo pocas veces escuchado. Espectacular en el segundo tema el viento que al tocar intencionadamente sin apenas vibrato acrecienta esta sensación de devastación, de derrota, tan apropiada para un rito fúnebre como es Totenfeier. La música fluye a un tiempo vivo, pero cuando es necesario con gran delicadeza, por ejemplo en la sección pastoral que nunca me había sonado tan hermosa como en esta versión. El retorno del tema inicial y la anticipación del Dies irae del final también lento y sigiloso pero contenido a la vez. Curiosamente para una grabación tan minuciosa en lo sonoro el pasaje en que los arcos golpean con la madera resulta poco audible lo cual es de lamentar pues es uno de los momentos más espectaculares del movimiento. En cualquier caso clímax muy bien elaborado que culmina en el fortísimo del pessante. Aquí siguen sin ser superados los catastróficos de Bernstein o Rattle, pero excesos semejantes no serían coherentes con lo que llevamos escuchado.
En la recapitulación de gran belleza nos viene la reciente 2ª de Boulez a la cabeza pero al lado de Fischer la impersonal lectura del francés resulta forzada. Lo más asombroso en Fischer es como las diferentes secciones de la partitura son recreadas con la mayor coherencia; el movimiento se convierte en un ente orgánico perfectamente elaborado, no en una sucesión de episodios. El movimiento se cierra con la escala descendente tocada de forma peculiar; muy muy rápida como en la versión de Oskar Fried pero acentuando el comienzo de cada tresillo de forma singular.
El Segundo movimiento interpretado a un tiempo vivo pero con gran elegancia. Auténticamente gemächlich. Existe la inclinación a hacer este Andante excesivamente lento pero Fischer evidencia la naturaleza danzable de este Ländler; e incluso le confiere un sabor eslavo, a la Dvorak, lo cual es un gran acierto. En el beethoveniano segundo tema interpretado con la gran delicadeza así como la subsiguiente melodía de los cellos muy lenta y naive también hermosa. El clímax del movimiento, el energisch bewegt, de gran impacto deja paso al retorno del primer tema esta vez en pizzicatos con el acompañamiento de arpa y piccolo ¡Modélico!
III. Se inicia con dos golpes de timbal perfectamente tocados, que con el bendito sonido es como si tuviésemos al percusionista en casa. Las cuerdas en su omnipresente ritmo fliessender magníficas. En el segundo tema es una de las pocas veces en que se echa de menos algo más de expresividad -por no pronunciar la palabra prohibida: romanticismo- pero el retorno de la primera sección es nuevamente espectacular con un trompeta brillante. Es este el momento en que Brahms dijo que Mahler se acercaba a la genialidad (todo un cumplido viniendo del arrogante hamburgués). En el pasaje lírico cantado por el cuarteto de trompetas una vez más Fischer no inyecta una dosis extra de gemülichkeit. Todo cristalino, pero pocas veces había escuchado un scherzo tan ecuánime y hermoso a la vez.
En el Urlicht decepciona el brusco fundido con el final del Scherzo; yo creo que más por culpa de los ingenieros que del propio director, pues suena demasiado artificial. Birgit Remmert canta con gran vehemencia y profundidad. Cantante mahleriana de la 3ª de Rattle o la 2ª de Edo de Wart de los noventa, o la 8ª de Rattle, es otro de los pluses de esta versión.
Es el último movimiento el único que no me convence plenamente. Se inicia con una sobria explosión orquestal. Las trompas fuera del escenario suenan demasiado lejanas para mi gusto. Afortunadamente en el pasaje orquestal en que se anticipa el O Glaube las cuerdas espectaculares; sin duda la mejor sección de esta orquesta. Los metales no están precisamente recatados en el coral sobre el Dies Irae, aunque la trompeta en el agudo que cierra el número está algo tímida. La marcha de la muerte muy enérgica e intensa aunque algo caótico el tutti. Tampoco las trompetas offstage hacen una lectura ejemplar Son reparos menores que se agravan cuando el coro no entra en ppp. Ligeramente brusco y demasiado rápido para mi gusto. Una vez más en el interludio orquestal previo al dúo del O glaube la versión recupera su fuerza concluyendo a mil revoluciones en un final intenso en lo coral y de gran solemnidad en su coda orquestal.
Una Segunda de referencia gracias a una experta y escrupulosa labor del director, una orquesta brillante y un sonido que satisfará a los más exigentes.
11-X-2006