Había expectación por escuchar el último Mahler de Maximiano Valdés como titular de la OSPA, ya que esta temporada será la última al frente de la orquesta asturiana; también había expectación en ver como se desenvolvía la OSPA con el Das Lied von der Erde que llevaba sin subir a sus atriles doce años; la última vez que lo interpretaron fue en el Concierto de Fin de Temporada de 1997/1998.
Los resultados fueron medianamente satisfactorios. La parte vocal estuvo a cargo de Donald Litaker, y la mezzosoprano húngara Ildiko Komlosi; el primero con un instrumento ya algo gastado, y poco atemperado, tuvo que hacer frente a las dimensiones del Auditorio -mucho más cómodo había estado el día anterior en el Teatro Jovellanos de Gijón, lugar que por tamaño es mucho más acorde con su voz- y con el tamaño de la orquesta que le secundaba. La emisión ya es gutural, pero con fuerza, sin caer en el grito destemplado; sus limitaciones las intentó solventar con discutible estilo operístico. En ocasiones se escuchaban frases demasiado veristas, o demasiado "sufridas" no del todo acorde con los sentidos del lied; convincentes fueron: Von der Jugend y Der Trunkene in Frühling; aunque insuficiente el Das Trinklied von Jammer der Erde, demasiado grande y heroico para su voz.
Otra cosa fue la Komlosi, plenamente centrada en el mundo del lied, aunque en ocasiones -pocas- algo impersonal, demasiado literaria. La suya no es una voz profunda; con esto quiero decir oscura, muy lírica y sugestiva. En ocasiones, en los pasajes más graves de la partitura se resiente. Quizás no fuera la suya, por ejemplo en el Der Abschied una lectura ominosa o "negra", sino más bien algo "pastoral", muy natural, convincente, llegando a emocionar -empezando por ella misma. En Der Einsame in Herbst propuso una lectura "oracional" casi susurrada, llevada a un tiempo lento, muy adecuado para su concepción; donde más apuros pasó fue en Von der Schönheit que pese a enfatizar y lograr una gran atmosfera en el inicio, se resintió con la entrada de los caballos-orquestales-no consiguiendo volver a encontrar esa atmósfera inicial en el resto del lied.
En cuanto a la lectura de Valdés habría que haberle pedido en alguno de los lied, por ejemplo en Das Trinklied von Jammer der Erde, Von der Schönheit y en Der Abschied una mayor paleta de color en las frases de gran vuelo; quedando la orquesta en muchas ocasiones algo "neutra" y descolorida. En Der Abschied, en la marcha que sirve como interludio, algo más de dramatismo y de rabia tampoco hubiesen estado de más. Donde si supo recrearse de una forma "didáctica" fueron en los pasajes camerísticos de Der Einsame im Herbst y Von der Schönheit. No optó el maestro chileno, por una lectura transcendental, más bien todo lo contrario, muy directa a la vez que explicativa. La sincronía entre director y mezzosoprano fue gratificante; los lied fluyeron con delectación, salvo Der Einsame im Herbst que pese a sus méritos, la decisión de llevarlo a tiempo demasiado lento produjo un efecto moroso; no encajando muy bien en el cómputo del resto de los lied de esta obra.
En resumen; lectura "didáctica", fiel a los modos de hacer Mahler de Valdés, en el que quizás un poco más de dramatismo e implicación hubieran sido deseables y lo mismo se podría decir de las voces, salvo la memorable de la Komlosi en Der Abschied.
El concierto se abría en la primera parte con la presentación en Asturias de la Octava Sinfonía “Danza de Gaia” de Tomás Marco, demasiado rítmica y algo primitivista y muy contrapuntística, que fue acogida por el público con gran indiferencia.