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OVIEDO · 31/ENERO/2010 · AUDITORIO PRÍNCIPE FELIPE DE OVIEDO

RUBÉN FLÓREZ BANDE

Jonathan Nott
1ª SINFONÍA
BAMBERGER SYMPHONIKER
JONATHAN NOTT

(+ FRYDERYK CHOPIN / CONCIERTO PARA PIANO Nº1)

Uno de los concierto más esperados en Oviedo, de la presente temprada 2009/2010 era el que tenía como protagonistas a la Bamberg Symphoniker, junto con su director titular Jonathan Nott; en su primera visita a la ciudad.

En la primera parte interpretaron el Concierto para piano Nº 1 de Chopin, junto con el pianista croata Dejan Lazic, que sustituía a última hora a Horacio Gutiérrez, el pianista previsto en un primer momento, que debió suspender la gira con la orquesta debido a neumonía.

El planteamiento en este concierto fue austero en los dos protagonistas; se obvió desde un principio toda clase de frivolidad, o manierismo, y se le restó de la espontaneidad juvenil, que en muchas ocasiones aparece con frecuencia en estas obras de juventud; si compartimos este planteamiento adusto de la partitura, los resultados fueron sobresalientes; la dirección atenta en todo momento, no intentó brillar, ni competir con el pianista, se limitó a trazar un mero camino, sobre donde el pianista debería caminar, y este, brindó una lectura "madura" de una obra tan "joven", intentando hacerla más transcendente de lo deseado. Lazic es un pianista con gran técnica, pero con limitaciones expresivas, a veces se aproxima a un discurso encorsetado que le resta ese lirismo con italianitá, que había inspirado Chopin a la hora de componer esta partitura. El movimiento mejor tratado fue el Largo, estático, y dúctil, donde brillaron por primera vez las cuerdas de la orquesta, y que volverían hacerlo a lo largo de toda la segunda parte; el movimiento peor parado fue el Finale, encorsetado y mecánico por parte del pianista, y poco "chispeante" por parte de la orquesta, a la que Nott hizo sonar demasiado seria y oscura.

La Primera Sinfonía de Gustav Mahler, que llenó la segunda parte del concierto se movería por otros derroteros mucho más interesantes e idiomáticos. La disposición orquestal por la que opta Nott para interpretar esta sinfonía-aunque ya lo había hecho en la primera parte del programa-es la propiamente mahleriana: violines I y II enfrentados, a izquierda y derecha del director respectivamente, violas y violoncellos en el centro, contrabajos detrás de los violines I; la única “originalidad” que se permite Nott en esta disposición orquestal, es la de colocar los dos juegos de timbales en el extremo derecho, en vez de centrados como suele ser habitual. Esta disposición en general consiguió un sonido menos saturado que en otras ocasiones, distribuyendo los sonidos graves, de una forma más espaciosa. El primer movimiento se abrió de una forma muy sugestiva. Los Naturalaut que proponía Mahler en esta primera sección del movimiento se apreciaron de una forma concisa y sutil, sin caer en los manierismos tan presentes en otras interpretaciones. Nott no jugó con el tiempo sino que se mantuvo constante, consiguiendo una visión muy impresionista y transparente de esta primera parte, la cuerda auténtica protagonista, sonó con un empaste “a la antigua”, las llamadas de las trompetas fuera de escena, sonaron precisas, pero no demasiado presentes; la transición al segundo tema del movimiento -con unos cellos increíbles- estuvo perfectamente construida, sin resultar efectista ni precipitada, con un gran sentido del color, evocándonos la luz requerida por esta música. La diferenciación de planos a lo largo de este allegro fue brillante, eso sí, sin sacrificar la unidad orquestal, de una belleza clara. La conclusión del movimiento fue realmente brillante, los metales perfectos, y la cuerda precisa, mostraron una orquesta no solamente sutil y con gran poder en la tímbrica; sino potente y contundente en la gran tradición alemana.

El segundo movimiento, pecó por parte de Nott de cierta sequedad en el ritmo, sonando así este ländler algo mecánico; sacrificando cierto toque de rusticidad, que bien entendida, siempre aporta algo interesante a esta música; lo que perdió en idioma, lo volvió a ganar de nuevo en la tímbrica, clara; de nuevo mostrando a una cuerda compacta, y perfecta; y un viento madera capaz de conseguir innumerables matices, sobre todo los instrumentos graves. En las trompas hubo alguna entrada destemplada pero que no emborronó el resultado final; el Trio de este segundo movimiento, se mantuvo de nuevo en un tiempo bastante vivo; pero en el que los instrumentos solistas se escucharon plenamente inspirados, aquí sí, con una trompa soberbia justo antes de la repetición del primer tema; el final fue ciertamente rotundo.

El tercer movimiento se concibió sobre un tiempo bastante pausado, más de lo que hoy en día es habitual, la duración del mismo rebasó los once minutos de duración. También encomendó la primera aparición del primer tema, a un solo contrabajista, en vez, de cómo empieza a ser común en las recientes ediciones, a toda la sección de los mismos, elección que también se puede apreciar en su grabación comercial de la obra para el sello Tudor. Nott no cae en este movimiento en lo corrosivo, ni en lo oscuro, aportando quizás una dosis de solemnidad, o de trascendencia que tampoco le quedan nada mal. La sección del fahrenden Gesellen, fue muy sentida y lírica, jugando sobre todo con la media voz orquestal. De nuevo los instrumentos de viento madera pudieron lucirse al máximo; el klezhmer en este movimiento, al igual que el Ländler en el movimiento anterior fueron pasados sin aportarles ese aire danzable o ese rubato exagerado que pide esta música. Nott prefirió aislarse de los tópicos y ofrecernos más un Mahler claro y conciso que un Mahler lleno de originalidades. Y esto se agradeció en el discurso ya que no adoleció de añadidos, sino que se mantuvo firme en sus planteamientos a lo largo de toda la interpretación.

El cuarto movimiento, verdaderamente tormentoso, contrastó en el arranque con el tiempo empleado en el tercer movimiento. La primera sección -vertiginosa- fue resuelta a toda velocidad, produciendo un efecto sorprendente; dejando toda retorica triunfalista de un lado. Los temas líricos, al igual que el tema del Fahrenden Gesellen, o el primer tema del primer movimiento, fueron exquisitamente tratados, muy cantábiles, con un lirismo y sentimiento más propio del mundo de la ópera, que del propiamente sinfónico; sin duda esa capacidad de hacer cantar a la orquesta es lo que más se agradece de las interpretaciones mahlerianas de Nott no cae en la búsqueda de algo nuevo, sino que con lo que hay construye estos pasajes ¿Tiene que ver esto algo con Mahler? Yo no sabría contestar esta pregunta, aunque me inclinaría a pensar que sí; no hay que olvidar que Mahler ante todo era un director de foso y eso en sus partituras en algún lugar se tendría que aparecer. Entiendo que estos momentos bien podrían serlo. Pero volviendo a lo que es propiamente el cuarto movimiento, añadir que no solamente en los momentos líricos brilló la batuta y la orquesta, sino que en los portentosos climax y en la sección final -con las ocho trompas en pie- el despliegue de medios y de planos fue acongojante; no le hizo falta caer en el efectismo y decibelio gratuito, todo se construyó de una forma electrizante. No había más que ver la figura de Nott emanar esa fuerza y es que las maneras de dirigir del maestro inglés son cuanto menos especiales: en los momentos de tensión o de acúmulo de ideas las indicaciones son precisas y concisas, dando entradas a todas las secciones de una forma un tanto frenética, pero en cuanto llegan los pasajes más ensoñadores o estáticos, adopta una posición casi inmóvil, modulando todo el sonido con las manos, como si ese mismo sonido saliese de ellas, un autentico juego de muñecas.

El público ovetense acogió este Mahler efusivamente. No es un Mahler habitual: sin concesiones en lo expresivo pero profundamente atento al detalle y a los valores del color, y con una fuerte carga lírica en los momentos en que es requerido. Si no fuese por esta última característica, bien podría parecerse al Mahler que propone Pierre Boulez actualmente, pero es gracias a ese lirismo el que lo hace claramente diferente. Un Mahler que viendo los Mahler que se realizan actualmente es bien agradecido, por no decir estimulante, ya que nos hace ver -o mejor dicho, escuchar- que aun no está todo dicho.

© gustav-mahler.es