CONCIERTOS | CRÍTICAS DE CONCIERTOS GIRONA · 07/XI/2009 · AUDITORI

ALBERT FERRER I FLAMARICH
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5ª SINFONÍA
ORQUESTA SINFÓNICA DEL TEATRO MARIINSKY
VALERY GERGIEV
(+ MOZART / SYMPHONIE NO.41) |
En un intensa semana, Gergiev alternó las funciones valencianas de Les troyens con una gira por Barcelona (2-Nov), Zaragoza (5-Nov) y Girona (7-Nov). Lo hizo con la orquesta del Teatro Mariinsky y distintos programas que en Girona ofreció la Sinfonía Júpiter de Mozart y la Quinta sinfonía de Mahler. Fue una lectura bipolar por la elección de unos tempi lentísimos en los movimientos iniciales frente a la urgencia de los dos finales. La suya fue una estilización extraña y personal en lo discursivo y en el concepto general de la obra, independientemente de las dinámicas matizadas y aciertos como la conversión del Trio del Minuetto en un vals. Pero como en el trabajo tímbrico y técnico Gergiev siempre convence, cabe citar la claridad formal y de texturas (fugados, silencios), el carácter expositivo y la inteligibilidad de la articulación.
En Mahler, Gergiev exploró bien la vertiente lírica. Sin sensiblerías ni exageraciones, el Adagietto se desplegó con un dramatismo e intensidad propios de las otras sinfonías, a la manera de los que ya no se hacen por miedo al tremendismo en lo que es una canción de amor. Fue de lo mejor de la noche. En general, la lectura buscó la opulencia por la vía de un cierto impacto sin llegar al efectismo, con ataques secos y un discurso pragmático con momentos memorables como el solo de chelos del segundo movimiento. Esto evidenció la carencia de contrastes y tensiones acumulativas en los dos movimientos iniciales. Y aunque los resultados convencieron –incluida la catártica aparición del coral-, faltó mayor mordiente, un carácter más pesante, más agónico y delirante. Es decir, faltó más psicoanálisis. Y es que la del Teatro Mariinsky de nivel medio alto: trompetas, maderas –en general- son familias que funcionan en el conjunto pero son inferiores a la cuerda, extraordinaria ésta por volumen y heredera de la tradición de la Europa del Este. Lo afirmó el Scherzo. Por cierto, Gergiev es de los que respetan las pausas marcadas entre las partes y no enfoca la sinfonía como una sucesión de cinco movimientos.
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